22 abril, 2016
De mafiosos y traidores
Puede parecer una democracia extraña la nuestra, pero no. Igual sois raros vosotros. Porque en la caverna pasan cosas que son muy normales. Normales, digo, porque son la norma, la práctica repetida en el tiempo. En definitiva, porque siempre han sido así. Y, la verdad, entiendo que sigan siendo así. Al fin y al cabo, los que mantienen esa normalidad son los beneficiarios de sus resultados. Pasa, por ejemplo, que el exministro Soria puede llegar a ser vitoreado después de haber mentido a todos y cada uno de los que confiaron en él. Soria puede ser vitoreado después de saberse que ha escapado al fisco con maniobras reservadas a los más poderosos y traicionando al pueblo que debiera proteger. Pasa también, por ejemplo, que muchos entienden que Pujol dibuje su país a la sombra de sus bolsillos. Y esos mismos seguirán viendo en Pujol al mesías incomprendido por un estado opresor. El estado opresor es algo maravilloso para los nacionalistas bolsilleros. Pasa, por ejemplo, que Rita, la Barberá, pueda llegar a ser votada por muchos, los mismos que han escuchado y entendido cómo la señora se ha pasado las leyes por la faja. Pasa, por ejemplo, que haya un expresidente de gobierno, Aznar, que distrae impuestos con las mismas artimañas que en otro momento utilizara el señor Monedero. Pero la prensa obediente pasea de puntillas por el hecho, aunque en su momento enviara mandobles de espada al señor Monedero. Sintetizando, pasa mucho en la caverna que mafiosos y traidores se protegen con votos. La democracia en la caverna tiene estas cosas y podemos llegar a proteger a los mismos que no tienen pudor alguno en enviarnos a la pobreza, a la intemperie o a la muerte. A donde sea, con tal de que ellos puedan seguir manteniendo su patria y, sobre todo, sus bolsillos llenos. Puede parecer una democracia extraña la nuestra. Pero no, es la caverna.
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