02 agosto, 2016

Rajoy presidente, pero ya

A ver, tenemos lo que tenemos. Y no hay más, por mucho que nos emperremos. En la caverna hay lo que hay y falta lo que falta. Sí, ya sé que ya hablo como El Pasmado -también conocido como Rajoy-, pero es que la caverna no da para mucho más. Siendo todo como es, estando todo como está, que gobierne el PP de una puñetera vez, que gobierne y que sus ocho millones de entusiastas se corran de placer, que se revuelquen de gusto estirando espamódicamente la patita por el gustirrinín. Que sigan alardeando de pureza con sus rojigualdas en las muñecas o con esas cintas en el sombrero o luciendo los ribetes de esos polos horteras. Sumerjámonos en la mediocridad de la "España llena de españoles" a la que nos empuja el cafre. Porque, llegados a este punto, deberíamos empezar a creer que esto es lo que nos merecemos. Sí, ya sé que tú no y que yo tampoco, pero vivimos en un tiempo en el que nos empujan al precipicio sin remisión ocho millones de acríticos, de adocenados timoratos, de fieles al aborregamiento más burdo y barato. Ocho millones dispuestos a loar las medioverdades o las mentiras de unos mediocres asentados en el poder. Es así. ¡A jodernos! Que gobiernen y continúen con sus políticas de poda y mentira, de exacerbamiento del espíritu más nacional y primitivo. Que gobiernen y continúen menospreciando nuestra opinión, nuestros deseos y necesidades, que continúen pasándose por los albaricoques nuestro futuro y nuestra felicidad. Que continúen robando, a manos llenas, que continúen expoliando el patrimonio de todos, que nos empujen a la pobreza a cambio de llenar hasta reventar sus bolsillos. Tiene razón González. Al fin y al cabo el ya vive en la órbita de los que se mojan el culo en un yate sin que tengan que hacer nada especial para conseguirlo. Que Rivera se deje de pasarelas parlamentarias. Este chico está hecho para las pasarelas, pero siempre el mismo culo cansa. Rivera, tú tampoco eres tan diferente. De hecho eres igual, aunque cuides los pasos de la pasarela. Así que votadles ya. Que gobiernen. Y, mientras tanto, seguiremos cultivando la esperanza. Porque de eso sí que tenemos hasta hartar.

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