13 enero, 2017

De mezquinos cavernarios

No exageraremos diciendo que la mezquindad mueve el mundo. No, no seamos excesivos o correremos el peligro de perder credibilidad -si es que alguna vez la tuvimos. Pero que la mezquindad puede explicar muchos de los comportamientos inidividuales cotidianos o incluso estructuras sociales bien asentadas, sí que lo creo firmemente. Somos, en general, mezquinos. Pero mucho, por cierto. Y no es una cuestión de mezquindad de pobres, de "ruinillas" que diría un amigo mío. Nada de eso. Hablo de una mezquindad estructural que ordena nuestras vidas cotidianas hasta que alguien, en un arrebato de lucidez, denuncia como vergonzosa injusticia. También hablo de la mezquindad como escudo o excusa o vergonzoso escondrijo. A esos dos sentidos me refiero Pero, aún hay más. Creo que la mezquindad se ahonda y multiplica en relación directa con las posesiones del mezquino. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que los pobres pueden ser mezquinos, pero quienes realmente se llevan el premio gordo son los más pudientes. La mezquindad en ellos es explicación de su comportamiento y clave para entender el mundo. Estos días he tenido oportunidad de comprobarlo.

Se empecinan algunos en subrayar que los familiares de los muertos en el Yak-42 sólo buscan sacar tajada del dictamen del Consejo de Estado. Se deslliza sutilmente en conversaciones. Se escapa el comentario, casi en sottovoce, en tertulias televisivas o radiofónicas. Se insinua en artículos o editoriales. Y siempre son los mismos: defensores de la cerrazón derechosa, obsesos de la caspa pepera, paladines sumisos del poder. Y no. No es cierto. No es verdad que los familiares hayan reclamado más compensaciones. No es verdad que hayan elevado sus reclamaciones al Consejo de Estado para poder conseguir más dinero. Ellos lo saben. Todos lo saben. Pero deslizando la mentira e insinuando un comportamiento mezquino propio de ellos, siempre se escarban algunas simpatías. Los mezquinos en este caso son los que pagaron más de 130.000 euros por un vuelo que valía poco más de 30.000, a cargo del presupuesto público. Los mezquinos en este caso son los que gestionaron unos fondos con los que se le robó la vida a 64 personas. Los mezquinos en este caso son los que piensan que pintando de mezquinos a las víctimas pueden esconder la verdad.

Otro mezquino. He oído unas desafortunadas -eufemismo de intolerables- declaraciones del presidente del Banco de Sabadell, el señor -otro eufemismo- Josep Oliu. En ellas, este señor tacha de oportunistas a todos aquellos que reclaman que se les retribuya lo que ese banco, junto al resto de bancos españoles, han robado a sus queridos clientes. ¿A qué me refiero? Pues al dinero que los bancos se embolsaban con las cláusulas suelo de las hipotecas. Ya saben, aquella cláusula tan elegante que permitía elevar el interés de las hipotecas, si subía el Euribor, pero que no permitía bajar los intereses, si el Euribor bajaba. Todo muy limpio y elegante. Pero un robo. Un robo mezquino que les permitía ganar miles de millones de euros y que empujaba a muchas familias a no poder pagar las mensualidades de la hipoteca. ¿Cuántas familias dejaron de pagar sus hipotecas por esos 200 o 400 euros que se embolsaban -robaban- de más cada mes los bancos? Es vergonzoso. Es vergonzoso que haya pasado y que alguien, desde su mezquino trono, crea que los que reclaman ahora son unos oportunistas. Y también es vergonzoso que el Gobierno español esté estudiando la manera de complicar la existencia a los que legítimamente quieran que se les reembolse el dinero robado. Es mezquino que el Gobierno sufra porque los bancos puedan dejar de ganar un tercio del total de sus beneficios. 4.000 millones de euros robados y que el Gobierno estudia como evitar que los bancos devuelvan a sus legítimos dueños. Mezquindad vergonzosa.

Pero, como he dicho al principio, la caverna se ordena y organiza gracias a esos mezquinos y sus vergüenzas. Por tanto, queridos compañeros cavernarios, todos vivimos impregnados y organizados según los principios inviolables de la mezquindad. Y poco o nada podemos hacer por liberarnos de ella... ¿o sí? (Por favor, dejen sus aportaciones en el cepillo de la salida. Gracias)

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