29 noviembre, 2017

Jóvenes malas personas

Mala persona. ¿Qué decir de las malas personas? Todo malo. Por supuesto. Pero, ya que estamos, vamos a empezar mal y a propósito. No nos vamos a preguntar qué significa mala persona. Aunque todos tengamos en mente qué es una mala persona. ¿Será lo mismo para todos? Pues no lo sé ni tampoco es importante es este momento. Estoy con otra cosa. ¿Y entonces a qué viene lo de mala persona? Pues porque estoy con aquello de decir de un niño o de un joven que es mala persona. Me explico. Sea lo que sea una mala persona, voy a intentar explicar por qué no hay ningún niño o adolescente que sea mala persona. Insisto: ni uno solo. Dicho de otra manera: quiero mostrar que cuando nos tomamos la libertad de decir de un niño o adolescente que es una mala persona, en realidad estamos diciendo algo imposible y apuntamos en la dirección equivocada. A lo drástico.

Parece ser que el término persona, por lo que dicen algunos sabios, proviene de la palabra griega prósopon -en griego antiguo πρόσωπον, creo. El caso es que no sé griego antiguo. Ni antiguo ni moderno. Lo siento. Estas son dos más de mis muchas ignorancias. Es que soy más de ciencias. Y de excusas baratas. Aunque, eso sí, algo he leído al respecto. Prósopon significaba máscara. Y se refería a las máscaras que llevaban los actores en el teatro griego. Esas tan guapas que se ven antiguas y que te venden en las tiendas para turistas de Plaka. Sí, hombre, esas en que una sonríe socarrona y la otra arrastra una tristeza desesperada. La comedia y la tragedia, simbolizaban. El caso es que esas máscaras de teatro se llamaban prósopon -o πρόσωπον escrito en griego antiguo, ése que no sé. Parece ser también, que las máscaras las llevaban los actores para adquirir la personalidad que representaban. Y además servían para amplificar el sonido de la voz. Vamos, que las máscaras eran atrezzo por un lado y megáfono por otro. Es lo que tenía ser griego hace dos mil quinientos años. El caso es que llegaron los romanos y por arte de evolución lingüística apareció el término latino personare, el antecedente de persona. ¿Y todo esto para qué? Pues para caer en la cuenta. Para caer en la cuenta de que con la palabra persona señalamos a los seres humanos que adquieren una condición. Una máscara. La máscara que les permite reconocerse y reconocerlos como seres sociales, es decir, como seres capaces de comunicarse con una lengua, de adquirir costumbres, normas, usos, conocimientos y otras leches que nos identifican como pertenecientes e integrados en una sociedad. Por tanto, como conclusión de lo anterior: una mala persona siempre será un inadaptado socialmente, un ser humano que no ha adquirido la máscara social que le corresponde y que, por lo tanto, no ha interiorizado ni asumido todos esos valores, normas, conocimientos y demás, propios del entorno social al que pertenece.

Cuando decimos de un chico o chica que es una mala persona, estaremos diciendo que es un inadaptado. O un reticente a asumir y hacer propias las normas, valores, conocimientos y blablá. Un joven mala persona, sería un ser mal construido o existente al margen o erróneamente en la sociedad. ¿Es eso posible? No. Un niño o niña, un adolescente nunca es del todo una persona. Aún. Es decir, todo joven está en proceso de ser persona. Un niño o niña o adolescente, está en el camino de construirse como ser social pleno, su máscara social se está moldeando. ¿Y entonces, de dónde salen esos chicos o chicas que no parecen reconocerse como sociales? Pues esos chicos o chicas, esos que están en periodo de construcción, están siendo mal construidos. Ni más ni menos. El proceso de socialización se produce sólo cuando existen agentes de socialización capaces de transmitir las normas, valores, conocimientos y blablá. Y un niño o niña o adolescente no es más que una esponja que desea llegar a ser. En todo chico o chica existe siempre el deseo de llegar a ser plenamente y para eso adquieren valores, normas, conocimientos y blablá. Siempre. Pero cuando los agentes de socialización fallan, el resultado es que empujamos a un ser humano a ser un inadaptado y, seguramente, un desgraciado. Esos agentes son el problema. Vamos a los agentes, pues. Fácil. El agente más decisivo: la familia. Y la educación y los medios de comunicación y los amigos y los clubes de deporte y... Somos los culpables y no ellos.

Vayamos al grano y no nos engañemos más: detrás de un joven inadaptado, hay una familia despreocupada o, en menor medida, una educación poco eficaz o unos medios de comunicación perniciosos o un entorno de amistades viciado. Eso, detrás. Porque delante de un joven inadaptado siempre se muestra un futuro problemático o, incluso, desgraciado.

Post escriptum: Ya, ya sé que faltan muchas cosas por decir. Todo es mucho más complejo. Pero dejo para otra oportunidad sumergirme en la responsabilidad de instituciones y políticos.

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