26 noviembre, 2017

Ni independentista ni monárquico

Pues sí, parece imposible, pero sí. Y además creo que somos muchos más de lo que cuentan los que cuentan. ¿Se puede no ser monárquico y no ser, al mismo tiempo, independentista? Pues claro. Y para entenderlo no es necesario más que dejar de tener prejuicios. Entiendo que esto no es fácil porque implica dejar de reducir la realidad a una visión pueril de buenos y malos, de blancos y negros, de indios y cowboys. Lo siento, seré faltón, pero ese reduccionismo naif monárquico-independentista no interpreta la realidad, sino que la manipula. Y se llama maniqueísmo. Ese maniqueísmo va muy bien a los que no quieren más que entenderse a sí mismo: los míos y el resto, es decir, todo se reduce a amigos y enemigos. Pero quizás en algún momento deberemos madurar y aceptar que la realidad es mucho más plural y rica, mucho más compleja. Y, aceptando la complejidad de la realidad humana, deberíamos considerar que una de las posibilidades ante la situación catalana sea no ser monárquico ni independentista. Y no se trata de ser equidistante o intermedio, sino de tener una opinión propia y diferente del reduccionismo imperante.

Así que expongo en qué consiste todo esto, con todos mis respetos a los monárquicos-borbón y a los independentistas-nación. Porque, igual que sus propuestas son válidas, también la mía tiene razones para ser sin que sea reacción a nada. Que yo no sea monárquico ni independentista no quiere decir que sea anti nada. No soy anti-monárquico, como tampoco soy anti-independentista. Que ellos sean, pero que me reconozcan mi derecho a no serlo. Y, ¿por qué? Pue porque soy republicano y, por tanto, no puedo ser monárquico. Y precisamente porque soy republicano no puedo ser tampoco nacionalista. Esta última parte creo que es la que menos se entiende. ¿Cómo puedes ser republicano y no ser independentista? Esta es la pregunta que me persigue en más de una discusión entre amigos. Me explico: no soy independentista porque el independentismo acoge la república como sobrevenida, es decir, el independentismo no tiene como objetivo la república, sino que el horizonte es el territorio. Y admito que para el independentismo la república será y es deseada, pero siempre después del territorio, siempre supeditada a la reivindicación de la nación. Y no soy nacionalista. Nunca lo he sido. El himno español nunca me arrancó un lololó. Como tampoco nunca me ha puesto la piel de gallina els segadors. ¿Eso es difícil de entender? Pues parece que sí. Y sobre todo desde partidos como ERC o la CUP. Ellos no se definen como nacionalistas, pero para ellos la reivindicación territorial y étnica es el principio que se antepone a cualquier otra reivindicación.

Los partidos independentistas catalanes parten todos de un planteamiento nacional. La liberación del territorio de "las garras españolas" es su principal propuesta. Este objetivo, respetable y absolutamente legítimo, parte de consideraciones étnicas apoyadas en la lengua y en una pretendida historia que se construye en función del objetivo nacional. Y digo "pretendida" porque es una construcción ideológica. Nada, ya sé que es una discusión perdida y un nacionalista jamás aceptará esta opinión. Pero es que contra los argumentos nacionales poco se puede hacer. ¿Por qué? Pues porque parten de la víscera, del sentimiento. Nunca parten de la propuesta y el análisis del futuro. Sí, también se me criticará por esto. El futuro nacional siempre se enraiza en una historia supuesta y, en muchas ocasiones, retorcida. Para el independentismo, el futuro no es más que la proyección de una construcción nacional, edificada en presupuestos del pasado y en la creencia firme de que hay suficientes elementos étnicos como para sentirse diferente. Y es ese planteamiento el que no puedo aceptar. La república, tal como yo la entiendo, nunca puede ser étnica ni de afirmación de esencialidades. La república ha de ser construida desde la pluralidad, la diferencia, el respeto a lo ajeno y en la renuncia a blindar formas de ser y entender la convivencia humana. Una república anclada en la reivindicación nacional sólo será una república instrumental y nunca una finalidad para la convivencia.

¿Y qué pasa con la monarquía? No perdamos el tiempo. El medievo ya pasó.

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