Messi, el artista del balón. A ver, incautos, plateemos el debate Messi-Ronaldo cuanto antes y cerremos el tema. Qué, cada cual sigue en sus trece, ¿no? Pues, ya está. Tema cerrado. En la caverna somos mucho de vernos reflejados en estos tipos de las patadas a la pelotita. El otro día le pregunté a un tipo si sabía quién era Gregorio Marañón y me dijo, "eh... sí, es el del hospital.... ¿no? Ah, no, no, espera, Marañón... sí, ya sé, jugador del Espanyol de Barcelona de los años ochenta, ¿a que sí?". "Exacto", le contesté, "ahí le has dado; da gusto hablar con entendidos". Pues, bueno, así todo en la caverna. ¿Qué se puede esperar de un país gobernado por un tipo que dice leer el Marca y quizás nada más? ¿Alguna revista cultural o científica, señor presidente? Eh... sí, muy y mucho cultura en España.
Pero vamos al asunto. Messi, 21 meses de prisión por defraudar a Hacienda. El abogado del estado, con buen criterio, defendía a la caverna... al estado, queria decir. Que para eso le paga el estado. Al margen de los que solo ven pelotas, las de fútbol digo, cualquier persona que exija respuestas de un estado que debe protegernos entenderá que no se puede permitir que nadie nos engañe. Ni Messi ni la madre que parió al mismísimo Gregorio Marañón. Y no valen excusas de ninguna clase. Messi no sabía, Messi confiaba en su padre y en sus asesores, Messi se dejaba hacer. Nada de nada. Por cierto, ahora me acuerdo, la princesa no sabía, la princesa confiaba en su marido y en sus asesores, la princesa se dejaba hacer -en cuanto a impuestos me refiero, claro, que dicho así parece que se dejara hacer otras cosas y yo no sé si tánto tánto. En fin, vamos al grano. Que el abogado del estado en el caso de la princesa no actúe igual que en el caso Messi, ¿se debe a algún tecnicismo que se escapa a mi limitada comprensión? Porque, si no es así, que se juzgue y se condene a Messi deja de tener sentido cuando a la princesa, la que se dejaba hacer, no se le condene por el mismo delito. Que sea princesa solo le tendría que dar privilegios a la hora de besar sapos, pero no a la hora de pagar sus impuestos. Y si no se pueden cambiar los abogados, igual deberíamos ir pensando en cambiar la caverna... el estado, digo.
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