12 enero, 2016
Puigdemont esencial
En la caverna, no todo el mundo entiende. Las cosas pasan porque tienen que pasar y punto. Así es en la caverna. Pero no todo el mundo entiende. La racionalidad que no aparece en las urnas se remienda en los despachos y salones. Es así. Lleva siglos siendo así. Muchos. Las esencias se perpetúan. Los errores se solventan. Las voluntades, las democracias y otras zarandajas, se enderezan en los salones. Al final, todo cuadra con el orden exquisito que los iluminados diseñan. Ha sido, es y será. Pero no todo el mundo entiende. Le pasa a @arqueoleg. En su blog, dice unas cosas... ¡Ay! ¡Ay, ay, ay! ¡Qué cosas dice! Pues no voy y leo en su blog que el molt honorable Carles Puigdemont ha tirado del españolismo del PP para gobernar el Ajuntament de Girona. ¡Habrase visto tamaña osadía! Y es que, seguramente, el Arqueòleg no entiende. Son cosas de la política de salón. También dice que Puigdemont intentó desalojar un bloque de pisos de Salt ocupado por la PAH y que fue el Tribunal de Estrasburgo quien lo impidió. O que puso cadenas en los contenedores de un supermercado para que los pobres no pudieran rebuscar comida. ¡Qué cosas dices, Arqueòleg! Quizás no entiendes. Es que, señores, hay que poner orden y concierto en la caverna. Los del hambre no pueden comer así como así. ¡Qué cosas! Y los de la vivienda...pues que se jodan. En la caverna somos gente de orden y paz. Entiéndase, del orden sosegado y muy conservador. De la paz de las jerarquías y la limosna. Es que hay que ganarse el cielo. El cielo, aclaro, es algo así como la supercaverna. O la recontracaverna. La rehostia de la caverna. Lo digo para los que no entiendan cómo funciona esto. Como el Arqueòleg. El cielo es, por ejemplo, donde van los santos, los mártires y las beatas. Y Puigdemont es mucho de ganarse el cielo. ¿Por dónde se gana el cielo? Pues no lo sé, pero él hasta le puso lubricante cuando hubo que enviar a tres beatas al cielo. Él y un señor del PP se encargaron. Un ministro. Es que el cielo, o la supercaverna, se gana siendo un hombre de orden y paz. Ya lo he dicho y esto lo sabemos todos en la caverna. Excepto los marxistas. Los marxistas no se ganan el cielo. Los marxistas son como el Arqueòleg, que no se ganarán el cielo porque no bajan la cabeza al orden y la paz de los señores de los salones. Por eso no le gustan los marxistas a Puigdemont. Le revuelven las entrañas. Le ponen los pelos de punta. Es un decir. Es difícil ponerle los pelos de punta. No hay narices a controlar ese desaguisado. Suerte que la paz y el orden los lleva más abajo, en el corazón, junto a la cartera. Muy nacional, por cierto.
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