César Luena, secretario de organización del PSOE, ha dicho que en política no se puede estar en el limbo. Se refería a Rajoy. César, señor Luena, ¡qué tontería acabas de decir! ¿Qué es eso de que en política no se puede estar en el limbo? ¿De verdad tenemos que discutir una tontería como ésta? ¿Quieres pruebas de que sí? Perdona, pero en el limbo se puede estar. En el limbo se puede residir cómodamente. Y se puede estar en el limbo sin que te lleguen los gritos agonizantes de los que están en el infierno. ¡Es tan confortable el limbo! ¿Ya no nos acordamos del plasma? Eso es estar en el limbo. Eso es protegerse desde el limbo de la inquina de los que quieren saber. El plasma es la manera más gráfica de estar en el limbo y no querer bajar a escuchar a los que preguntan o protestan o gritan. Como también es estar en el limbo cuando se aplican medidas desde las alturas a sabiendas de que los más débiles sufrirán las consecuencias. Los de abajo. Los que se queman. Estar en el limbo es querer protegerse del infierno poniendo barreras como la ley mordaza. Estar en el limbo es no ser capaz de exponerse abiertamente a que más de uno haga las preguntas inoportunas. Estar en el limbo es legislar sin escuchar a nadie que no sea a sí mismo. Estar en el limbo es decir que estamos bien, de puta madre, sin que los más necesitados puedan escupirte a la cara la miseria en la que viven. Estar en el limbo es hacer justamente lo contrario de lo que prometiste. Y por supuesto estar en el limbo es mantener un círculo de amistades bien alimentadas. Con dinero negro. Con sobres. Con regalos y tratos de favor. El limbo social que desde la antigüedad ha diferenciado entre privilegiados y condenados al infierno.
César, señor Luena, rectifique. Diga que sí se puede estar en el limbo. Acepte y acuse al que nunca ha bajado hasta los infiernos por haber estado parapetado en el limbo. Porque el limbo también existe en la caverna. ¿Dónde? Pues ahí, justo por encima del cieno apestoso en el que se ahogan los que nada pueden. En el limbo, en ese cieno, ha surfeado el señor Rajoy. Y esperamos que nadie más nos vuelva a gobernar desde el limbo. Porque "en el limbo", según la RAE, es ese lugar en el que nadie se entera de lo que ocurre. ¿O es que queremos redefinir el limbo de otra manera? Espero que no.
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