Estamos de elecciones en la caverna. Llevamos una orgía de elecciones como para hartar al más zampón de democracia. Meter papeleta y vengar meter papeleta. Una y otra vez. Un cristo desbordado de mete papeletas. En la caverna somos muy demócratas. Es de las pocas cosas que parecen salvarnos de morir ahogados en la ciénaga. Y mira que nos afanamos en meter mierda bajo la alfombra, pero siempre se nos desborda. Y las elecciones nos dan aire. En fin, que estamos de elecciones. Quedan dos días, pero ya sabemos los resultados. Apunten. Ganan todos. No pierde ni Dios aquí. Eso está bien. En la caverna no nos gustan los perdedores. Loosers, les llaman. Aquí todos winners. Me perdonen las anglicadas éstas, pero queda muy cool. Lester Young sí que era cool. Y Madonna. Yo no, la verdad. Pero me esfuerzo. Sigo. Decía que nadie pierde. Domingo noche: gracias por estos resultados, estamos muy contentos, hemos tenido un resultado mejor de lo esperado, nos daban por muertos, unos resultados de futuro, que más podíamos pedir,...
Los loosers no tienen futuro en la caverna. Al no ser loosers, aunque sigamos pringados de lodo hasta el cuello, estamos más contentos que una lechuga. Por eso el domingo nadie habrá perdido. Alguien malintencionado podría pensar que nos engañan. Que no, no es falta de respeto. No piensen que nos tratan de idiotas. ¡Qué mal pensados! Es que, repito, nadie quiere ser looser. ¿Te imaginas haberla metido para apoyar a un looser? Imperdonable. Hace poco hubo elecciones en una esquina de la caverna. O en la caverna de al lado, según se mire. El caso es que no eran elecciones plebiscitarias. Después sí lo eran, pero solo la puntita. Más tarde no. Ahora ya nadie se aclara. Pero el caso es que nadie perdió. ¡Ole tus albaricoques! ¡Artista! Ya te digo que en la caverna somos muy de ganadores. ¿Y el onanismo? Pues eso, que aquí el que no se satisface es porque no quiere.
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