En la caverna se está muy cómodo, la verdad. Todos miramos hacia la pared del fondo de la caverna para ver el espectáculo. Tumbados en el sofá y comiendo patatas fritas, así, obscenamente. Nos agenciamos una birrita, un cigarrito y a disfrutar. ¡Qué cuerpazos y qué caras tan bonitas! ¡Qué figurines! ¡Unas joyas!, que diría mi madre. Se nos cae la baba cuando vemos esos chicos altos, con tatoos. Morenazos y ojos claros, casi siempre. Músculos hasta en las pestañas. Eso siempre. ¡Un primor! ¿Y ellas? En la caverna se ven unas tetas y unas piernas de escándalo. ¡Una jartá de piernas y tetas! También con tatoos monísimos. Creo. ¡Y un pelaso de escádalo! A veces, hasta tienes la impresión de que detrás de esas tetas o bajo esos músculos puede haber una persona. ¿Qué cosas, no? Pero a mí me parece muy complicado meter todo en el mismo sitio.
Tenemos espectáculos de esos a todas horas. Al mediodía, a la tarde, a la noche, repetidos, tripitidos, edición especial,... ¡Se está tan bien en la caverna! Sí, ya lo sé. En realidad, en la caverna apesta todo a perro muerto. Y con un lodo negro que te cubre hasta las rodillas. Mierda por todas partes. Pero es igual, nos ponemos todos a mirar hacia el fondo de la caverna y se nos pasan los males. Un par de tetas y un torso testosteronado a presión, y todos tan felices. A veces me pregunto qué pensarían esas figuras de la Monadología o de la Divina Comedia o de las repercusiones epistemológicas del De Revolutionibus o del principio de incertidumbre o de Lynn Margulis o de Piketty. Pero, ¿para qué? ¡Qué cosas tengo! ¿Para qué se nos iban a liar con tamañas cosas? En la caverna lo más buscado en Google este año ha sido GH16. Eso dice mucho de la salud de la caverna. En la caverna todos somos felices, a pesar del lodo y la mierda, a pesar del hambre y la muerte. Todo bien, mientras siga habiendo tetas y culitos musculados en la pared del fondo, claro.
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