31 diciembre, 2015

Pactos y traiciones

Un pacto es una traición. Así os lo digo. Si hay pacto, hay renuncia. Marcha atrás. Rabo entre piernas. Replanteamiento. Me lo como con patatas. Me lo guardo, pero no me olvido. Ya le puedes decir como quieras. Pero algo te metes en el cajón. Y ya veremos si lo puedes volver a sacar. Entonces, ¿para qué? Pues para conseguir que el otro también se meta su rabo entre las piernas. Quid pro quo. Yo renuncio, tú te lo comes con patatas. A cambio, yo hago y tú haces. Por lo tanto, el pacto también es posibilidad. Un intercambio de renuncias y posibilidades. ¿Y un buen pacto? Cuando no hay vencedores ni vencidos. Si yo me jodo, tú te jodes. Si yo te jodo, tú me jodes. En fin, que comemos los dos. Y no diremos qué ni a quién.

En la caverna estamos de pactos. Nos movemos con torpeza entre el limo del fondo. El cieno no permite acrobacias. En Catalunya se cuece un pacto. En España se cuece otro. O más de uno se cuecen. O ninguno. El caso es que en el juego de renuncias, unos y otros aún no se aclaran. Bueno, sí. En Catalunya CiU renuncia a todo, menos a perder el poder y a coronar a Mas. Es decir, a bien poco. ¿Para conseguir qué? Pues para nada un nuevo estado con un nuevo planteamiento de la justicia social que pretenden otros. Para nada. Porque el poder de los mismos no se ha puesto sobre la mesa. Los mismos: la alta burguesía catalana; la que se adapta a cualquier régimen, si mantiene la butxaca abierta y engordando. ¿Y en España? A navajazos, en el PSOE. En la prepotencia del inepto, del PP. En el limbo indefinido del niño repelente, de Ciudadanos. En la pureza virginal, de Podemos. ¡Eh, por favor, no me critiquen todos! Hay que ser ecuánime al repartir hostias. De momento, hostias. Y cuando sepan qué se meterán por el culo y qué quieren meterle, por el ídem, al otro, hablaremos de pactos. Pero dudo. No sé si la caverna da para mucho más.

No hay comentarios:

Nos gustará escuchar tu opinión, aquí