24 diciembre, 2015

Jaula de grillos

Un grillo, de fondo, ni se oye. Parte del paisaje. En las noches de la caverna, cuando se oye un grillo es como si no estuviéramos aquí y alguien se encargara de endulzarnos la oscuridad. Pero eso pasa poco. Debe ser el calor de la caverna o el cieno que nos rodea, pero los grillos casi siempre se nos instalan por millares y nos hacen saltar las meninges con su ruido ensordecedor. Después de la noche electoral en el que todos habían ganado, hemos pasado al redoble de cantos grilleros. Son así de oportunistas. Supongo que es una táctica para desconcertarnos. En Catalunya los grillos ya estaban desatados. Los segundones, los adiestrados. Los machos alfa de los grillos están latentes. Afilando las navajas. Pero en España ya se han lanzado en tromba y no hay Dios que los aguante. En el PP y en el PSOE, sobre todo. Es que ellos tienen mucha tradición. Que si dijiste, que si digo, que si rectificas, que me ratifico, que con él no, que sin mí imposible. Ruido, mucho ruido. ¿Para qué? ¡Qué pregunta! Pues para chupar lo que se pueda y ahogar al de al lado. Como siempre.

José María, Susana, Guillermo, Casado, María Dolores, Rafael,..., todos a la caza. La caverna se nos convierte en una jaula. Nadie escapa al ruido. Los grillos saben que ellos ganan cuando los otros pierden. Se trata de cortar las piernas a los demás para que ellos se vean más altos. Pero todos sabemos que son muy enanos. No, no nos pasemos, tan solo mediocres. Pero los mediocres solo medran a costa de sacrificar a los otros. Ahora solo falta que Podemos y Ciudadanos se unan. Y parece que ya empiezan. Una locura, la jaula de grillos. ¡Quién sabe si fuera de la caverna los grillos no hacen tanto ruido!

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