Voceras: bocazas, hablador, jactancioso; persona despreciable. Justo. La RAE siempre limpia, fija y da esplendor. Ni más ni menos a eso se dedican los voceras, así son. Y no me sabe bien ni mal. Es un trabajo, como otro cualquiera. También el mamporrero hace lo que tiene que hacer.
Opinadores: opinantes: que opinan. Aquí, a la RAE, mucho esplendor no le veo. En todo caso, otro trabajo, siempre y cuando a alguien interesen esas opiniones. Pero, seamos justos. El opinador, al menos, pide la palabra. El voceras grita sin que nadie le invite.
Periodista: persona legalmente autorizada a ejercer el periodismo. Periodismo: captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas o variedades. La RAE, aquí, también sin esplendor. Resumamos: otra profesión. O no. Porque los hay que comienzan por querer ser periodistas, pero acaban siendo opinadores o simplemente voceras. ¿La diferencia? Un secreto bien guardado. El secreto del periodismo está en el "tratamiento". Tratar la información, cocinarla, eliminar lo que no importa. O eliminar lo que importa, pero no interesa. ¿El buen tratador será el buen periodista? Seguro que sí.
¿Qué convierte a un periodista en voceras en la caverna? Todos lo sabemos. La mano que le da de comer, que le acaricia el lomo, que le hace temblar. La mano. Poderosa arma ligada a la voluntad del dominador. En la caverna solo se escucha el ruido ensordecedor de los voceras. Persistente. Y las voluntades, así, dominadas. ¡Qué bello espectáculo! La mano dirige y los esclavos nos removemos al ritmo de los aullidos. Todos al unísono. Más allá de la caverna quizás todo sea posible. Pero aquí todos somos uno y nadie escapa al ruido.
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