29 diciembre, 2015

Liberalismo cavernario

Liberalismo proviene de liberal. Liberal de libertad. Y hasta aquí la tontería. Porque que en la caverna somos todos de defender la libertad, es innegable. Liberté! Se nos llena a todos la boca hasta ahogarnos con la palabreja. ¡Nos damos una de tortas entre nosotros para ver quién es el más liberador, que ni te cuento! Pero, ¡ay amigo!, cuando preguntas qué es eso, entonces se nos queda la sonrisa de atontado. ¡Joder, pues que nadie te diga lo que tienes que hacer! Y el estúpido se queda tan pancho. Porque de libertad todos entendemos, pero de saber qué es..., de eso ya no entiende ni Dios. Igual me he liado.

Me aclaro. Da la sensación que, en general, en la caverna hay dos maneras de entender esto de la libertad. Sin restricciones, que cada uno haga lo que quiera, que nadie nos tutele, que cada uno pueda hacer lo que quiera con sus capacidades, que nadie vaya a remolque de nadie, que el estado no intervenga, que el mercado disponga. Resumiendo la primera versión:  que el que pueda, que haga; y el que no pueda, que se joda. Así de fácil. En mi caverna tenemos a varios que defienden esta versión: Artur, Mariano o Albert, son de esta cuerda. Y se llaman a sí mismos liberales para que nadie tenga dudas. Son los hijos de Locke. John Locke no era un pirata, pero se la soplaban los menos pudientes. Después, algo más tarde, vinieron otros que perdían el culo por defender a la burguesía. Es que los ricos tenían pasta, pero no tenían poder. Y para eso estaban los intelectuales. ¿Para qué? Pues para inventarse el liberalismo y las patrias. ¡Ah, y a las damas pánfilas del romanticismo! Que no follaban. Pero nada. Como mucho, se suicidaban.

Después están los que dicen que para poder correr en libertad, todos tendríamos que tener las piernas largas. Más largas. Tan largas como los otros que las tienen muy largas. Porque, dicen, los hay que nacen desgraciados y eso no está bien. Según ellos, no todos podemos tener mamás y papás con recursos, que nos lleven de vacaciones, que nos paguen colegios caros, refuerzos en casa, clases de inglés o de hípica. Dicen estos que no todos pueden pagarse universidades o másters o estancias en el extranjero. También dicen que los pobres jamás recuperarán las diferencias y que están condenados a vivir de lo que queda, si queda. Condenados a currar de cualquier cosa, si queda. Y a no currar de lo que quisieran. Y mucho menos organizar, dirigir o gobernar. De eso ya currarán los que nacen con las piernas muy largas.

En resumen, los liberales nos recuerdan que si los pobres comen, bien, y si no comen, también. Que el frío en casa se aguanta, si tienes casa. Que para que los otros sean libres de puta madre, ellos tienen que pringar. Porque tendrá que joderse alguien, ¿no? Que es que después no hay caballos para todos en el picadero. Liberalismo a tope.

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